viernes, 18 de diciembre de 2009

Hormonas y nostalgias.


Si hay algo que he aprendido con los años que se me han acumulado encima es que los sentimientos se desplazan con una facilidad inaudita. He comprobado que no siempre debo fiarme de lo que siento, que precisamente por pensar con el corazón o la entrepierna he cometido los mayores errores de mi vida. Por eso cada vez que me siento tentada a decirle “Hola, sigo aquí, no me he marchado” pongo el freno. Ya tengo su recuerdo, que vale más que ella.

Aún no es el momento de cantar esta canción...

Seis años después reapareces y hablando sola
resumes tu noria de vida en un solo café.
Y curado al fin, me permito el lujo de observar
tu pelo raro y creo que ahora fumas demasiado.
Y hablas como si te hubiera preguntado
de quién te vengabas todo el tiempo que yo estuve a tu lado.
Y aún no sé a qué diablos viene ahora tu llamada,
tiembla tu cuchara y eso nunca queda bien.
Di, di la verdad, llevas tiempo sin romper muñecos.
Pasados unos meses alguien me ajustó de nuevo
y queda un poco lejos cuando me incendiaste
y ya soplaron las cenizas, volaron las cenizas.




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